-Pero,
¿cómo? No lo sé.
Niego
ligeramente con la cabeza.
-En
la aldea no sabíamos que alguien como tú visitaría el bosque. - añade Nneka con
voz débil.
Langrock
clava su mirada en ella y pregunta:
-¿Cuál
es tu nombre?
-Nneka,
hija de Durkhar. Mi abuelo es Asren.
-El
viejo Asren. - dice el anciano director curvando ligeramente los labios hacia
arriba.
-No
la podía dejar, los goblins se acercaban muy rápido y en cualquier momento la
capturarían.
Asiente
a manera de comprensión y guarda silencio.
-Habría
sido algo sensato activar el rastreador, ¿no lo cree, señorita Greenwood? –
dice y noto un tono de reproche. No puedo evitar sentir una punzada de
culpabilidad, pero ni siquiera recordaba que llevaba en muñeca esa cosa.
-Yo…
- titubeo. – lo olvidé por completo.
Un
largo e incómo silencio se extiende por la habitación y yo clavo mis ojos en el
brazalete negro que llevo en la muñeca. Sólo debía presionar el botón rojo.
-Será
mejor que vayan a descansar. – dice con voz ronca. -Oh, y señorita Greenwood,
el presidente Holtzman vendrá a hablar contigo y con el joven Farrow el sábado
por la mañana.
Asiento
y salimos al vestíbulo.
-¿Estás
bien? - le pregunto a Nneka preocupada.
-Sí,
- suspira - es sólo mi cabeza.
-Vamos.
- le digo y la dirijo hasta la habitación. En el pasillo antes de llegar a la
habitación está Klaus.
-Chispita,
te extrañamos un poco por aquí. - dice en tono burlón.
-Qué
lindo de tu parte. – respondo sarcásticamente.
-Oh,
¿y esta señorita? - pregunta indiscretamente viendo con fascinación a Nneka,
quien me ve en busca de ayuda.
-Ignóralo.
- le digo a Nneka y la hago pasar, cerrando la puerta detrás de mí.
-Lo
siento...
-No
importa. - me interrumpe Nneka.
María José García Moncada
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