viernes, 4 de enero de 2013

CAPÍTULO 29

-Pero, ¿cómo? No lo sé.

Niego ligeramente con la cabeza.

-En la aldea no sabíamos que alguien como tú visitaría el bosque. - añade Nneka con voz débil.

Langrock clava su mirada en ella y pregunta:

-¿Cuál es tu nombre?

-Nneka, hija de Durkhar. Mi abuelo es Asren.

-El viejo Asren. - dice el anciano director curvando ligeramente los labios hacia arriba.

-No la podía dejar, los goblins se acercaban muy rápido y en cualquier momento la capturarían.

Asiente a manera de comprensión y guarda silencio.

-Habría sido algo sensato activar el rastreador, ¿no lo cree, señorita Greenwood? – dice y noto un tono de reproche. No puedo evitar sentir una punzada de culpabilidad, pero ni siquiera recordaba que llevaba en muñeca esa cosa.

-Yo… - titubeo. – lo olvidé por completo.

Un largo e incómo silencio se extiende por la habitación y yo clavo mis ojos en el brazalete negro que llevo en la muñeca. Sólo debía presionar el botón rojo.

-Será mejor que vayan a descansar. – dice con voz ronca. -Oh, y señorita Greenwood, el presidente Holtzman vendrá a hablar contigo y con el joven Farrow el sábado por la mañana.

Asiento y salimos al vestíbulo.

-¿Estás bien? - le pregunto a Nneka preocupada.

-Sí, - suspira - es sólo mi cabeza.

-Vamos. - le digo y la dirijo hasta la habitación. En el pasillo antes de llegar a la habitación está Klaus.

-Chispita, te extrañamos un poco por aquí. - dice en tono burlón.

-Qué lindo de tu parte. – respondo sarcásticamente.

-Oh, ¿y esta señorita? - pregunta indiscretamente viendo con fascinación a Nneka, quien me ve en busca de ayuda.

-Ignóralo. - le digo a Nneka y la hago pasar, cerrando la puerta detrás de mí.

-Lo siento...

-No importa. - me interrumpe Nneka.





María José García Moncada

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