miércoles, 9 de enero de 2013

CAPÍTULO 31


La sensación de caer me despierta de inmediato. Estoy sudando, mi respiración es muy fuerte. Intento calmarme y minutos después me levanto de la cama y me dirijo al baño, me mojo la cara, pero los temblores persisten.

-Nneka. - susurro y me cercioro de que está en mi recámara. Me quedo ahí parada en el marco de la puerta, pensando. Nneka está hecho un ovillo en la cama, cuando su llanto me saca de mis pensamientos y me hace caminar hasta ella. “¡Sal de ahí!” me ordeno, pero ya es demasiado tarde. Se sobresalta al verme e intenta secarse las lágrimas.

-¿Cuánto tiempo llevas ahí? - balbucea.

-No mucho, pero lo suficiente para darme cuenta de que quizá necesitas algo. O a alguien. - le digo, pero no dice nada más.

Quizá eso no se le deba decir a alguien que conoces hace casi un día, pero cuando se necesita consuelo, cualquier palabra de aliento y de quien sea, ayuda.

-Sé que no es la clase de cosas que te diría una completa desconocida, pero...

-No somos del todo desconocidas - me interrumpe.

-¿A qué te refieres? - pregunto extrañada.

-¿En verdad no lo recuerdas?

-¿Recordar qué? - le pregunto sin saber aún de qué habla. Se hace a un lado para que pueda sentarme junto a ella.

-Tendrías como cinco años cuando nos conocimos por primera vez. - dice y respira hondo. - En ese entonces, los elfos aún éramos tratados como esclavos. Acompañé a mi abuelo a la ORP, tenía una junta importante con la mesa directiva y yo insistí en ir con él.

-Mi madre. - susurro y Nneka asiente.

-Sí, tu madre también te llevaba a ti ese día. – se sorbe la nariz - Recuerdo bien ese día, eras la niña más risueña que había visto. Me dejaron a cargo de ti durante la junta y te llevé a los jardines.

-Lo siento, pero no recuerdo nada.

-No te culpo, eras muy pequeña. - me sonríe.

-¿Cuántos años tenías tú?

-Solo un par más que tú.

Sinceramente siempre he tenido una actitud protectora hacia las personas que me rodean, no importa cuántos años más tengan, sólo lo hago porque siento esa necesidad de protegerlos. Necesito protegerlos para poderme sentir fuerte.

-En todo caso, me da gusto reencontrarme contigo después de tantos años. - le digo.

-Así será, pero por ahora debes descansar.

-No puedo dormir, no después de dejar la vida de mis seres queridos a la suerte. - creo que en estos momentos no hay alguien que entienda lo que siente tan bien como yo.

-Las cosas pasan porque así están escritas, no podemos cambiar el rumbo de algo que está destinado a ser, pero en la vida jamás se nos presentan obstáculos que no podamos superar. Es válido caer, llorar y equivocarse, pero no puedes quedarte así. Si caes, debes levantarte; si lloras, debes secar esas lágrimas; si erras, debes aprender de ello, salir adelante, demostrar que has aprendido. Siempre se puede.

-Eres demasiado joven, para ser tan sabia. Eres increíble.







María José García Moncada

domingo, 6 de enero de 2013

CAPÍTULO 30

-Bien, ese es el baño, la cocina y tu dormirás ahí. - le digo apuntando a mi recámara. Me dirijo a la cocina y le pregunto: - ¿Quieres comer algo?

Un golpe seco se escucha y volteo a ver a Nneka alarmada. Suelto una palabrota y corro hasta ella, que yace tendida en el piso.

-Vamos, Nneka, no me hagas esto.

Paso mis manos con cuidado debajo de ella para levantarla, no es muy pesada, así que la cargo sin trabajo hasta mi habitación y la coloco en la cama. Voy a la cocina, humedezco una franela y se la coloco en la frente. No pasan muchos minutos cuando vuelve en sí.

-¿Qué pasó? - dice Nneka exaltada.

-Te desmayaste.

-Y... ¿cuánto tiempo pasó?

-No mucho, sólo algunos minutos. ¿Quieres que te traiga algo? - le pregunto.

-Sólo un vaso de agua, por favor. - dice desconcertada. Voy a la cocina por un vaso de agua y regreso a la habitación.

-Si necesitas algo, estaré en la habitación de al lado. - digo con voz plana.

-Ginger.

-¿Sí?

-¿Tú estás bien? - pregunta escudriñando mi rostro.

-No te preocupes, ya habrá tiempo de hablar. Debes descansar. - digo evadiendo el tema.

-Gracias.

Le sonrío y salgo de la habitación. Me doy un baño y me quedo mirándome frente al espejo durante varios minutos. Recorro mi clavícula con los dedos, subo hasta mi cara y toco las manchas oscuras que se han formado debajo de mis ojos. He cambiado en muy poco tiempo, puedo decirlo.


Me meto en la cama de Kyle aspirando su dulce aroma impregnado en la almohada. Tras varios intentos de dormir, me rindo, me pongo mi uniforme y me decido por ir a ver a Kyle. Sé que necesito dormir, pero no puedo, me es imposible quedarme quieta. Ni siquiera puedo dejar de pensar en algo por un segundo. Subo las escaleras del vestíbulo. Sinceramente no tengo ni la menor idea de dónde queda la enfermería aquí en el castillo, a menos de que la única enfermería que haya sea la que está en la Cápsula Deportiva, pero lo dudo mucho. Aguzo la nariz con la esperanza de que ese peculiar olor a hospital llegue a mí en cualquier momento.


Todo está en un abismal silencio, escucho el eco de mis pasos resonando en las paredes del pasillo. Subo dos pisos y de pronto, como si la temperatura hubiera descendido notablemente, comienzo a temblar. Al final del pasillo aparecen Amber, Klaus y Hanz, pero no parecen ellos, sus rostros inspiran odio e ira, los ojos de todos son rojos. Comienzo a correr, el miedo me invade, pero me hace correr más rápido. Bajo las escalenas y ellos van detrás de mí pisándome los talones. Llego al vestíbulo y tropiezo en el último escalón.





María José García Moncada

viernes, 4 de enero de 2013

CAPÍTULO 29

-Pero, ¿cómo? No lo sé.

Niego ligeramente con la cabeza.

-En la aldea no sabíamos que alguien como tú visitaría el bosque. - añade Nneka con voz débil.

Langrock clava su mirada en ella y pregunta:

-¿Cuál es tu nombre?

-Nneka, hija de Durkhar. Mi abuelo es Asren.

-El viejo Asren. - dice el anciano director curvando ligeramente los labios hacia arriba.

-No la podía dejar, los goblins se acercaban muy rápido y en cualquier momento la capturarían.

Asiente a manera de comprensión y guarda silencio.

-Habría sido algo sensato activar el rastreador, ¿no lo cree, señorita Greenwood? – dice y noto un tono de reproche. No puedo evitar sentir una punzada de culpabilidad, pero ni siquiera recordaba que llevaba en muñeca esa cosa.

-Yo… - titubeo. – lo olvidé por completo.

Un largo e incómo silencio se extiende por la habitación y yo clavo mis ojos en el brazalete negro que llevo en la muñeca. Sólo debía presionar el botón rojo.

-Será mejor que vayan a descansar. – dice con voz ronca. -Oh, y señorita Greenwood, el presidente Holtzman vendrá a hablar contigo y con el joven Farrow el sábado por la mañana.

Asiento y salimos al vestíbulo.

-¿Estás bien? - le pregunto a Nneka preocupada.

-Sí, - suspira - es sólo mi cabeza.

-Vamos. - le digo y la dirijo hasta la habitación. En el pasillo antes de llegar a la habitación está Klaus.

-Chispita, te extrañamos un poco por aquí. - dice en tono burlón.

-Qué lindo de tu parte. – respondo sarcásticamente.

-Oh, ¿y esta señorita? - pregunta indiscretamente viendo con fascinación a Nneka, quien me ve en busca de ayuda.

-Ignóralo. - le digo a Nneka y la hago pasar, cerrando la puerta detrás de mí.

-Lo siento...

-No importa. - me interrumpe Nneka.





María José García Moncada

jueves, 3 de enero de 2013

CAPÍTULO 28


-Algo así. Vamos, debemos movernos en esa dirección. – le digo apuntando a mi derecha y le ayudo a cargar a Kyle.  Caminamos hasta encontrarnos con un agujero bajo las raíces de un árbol.

-Perfecto.  – digo entre dientes. – Ayúdame a meter a Kyle ahí.

Colocamos a Kyle con cuidado en el agujero y lo cubrimos con un poco de hojas de tal manera que no se vea mucho.

-No hagas mucho ruido, volveremos por ti. – le susurro. -Trepa ese árbol y yo este. – le ordeno a Nneka apuntando a dos árboles, uno frente a otro.

Trepo lo más alto que puedo y logro ver a Kendra y a Grak. Aún no les han hecho nada. “Piensa, Ginger, piensa.” Me digo a mi misma. Lanzo un topkalume lo bastante grande al punto donde nos encontrábamos anteriormente. Los goblins se alertan y comienzan a moverse en dirección al fuego. Busco a Nneka entre las ramas y le doy la señal para bajar del árbol. Una vez en tierra firme, tomamos a Kyle y lo arrastramos hasta Grak. Miro en todas direcciones mientras caminamos, asegurándome de que nadie nos sigue. Llegamos al límite del bosque y Nneka me ayuda a poner a Kyle sobre el lomo de Grak.

-Tú irás en ella. – le ordeno apuntando a Kendra.

-¿Qué?

-No creerás que te dejaré aquí, ¿o sí?

-No puedo irme. – dice con tono firme.

-¿Cómo planeas llegar hasta la aldea con esas criaturas asechando a tres metros de aquí? No lo voy a permitir. Irás con nosotros.

Ayudo a Nneka a montar a Kendra lo más rápido que puedo.

-Sujétate fuerte, no te preocupes, ella sigue a Grak. Solo agita un poco las riendas cuando yo avance.

Asiente lo suficientemente insegura como para darme cuenta de que sí estaba dispuesta a quedarse aquí en medio de esta emboscada.

Corro hasta Grak y me subo a su lomo deteniendo fuertemente a Kyle. Vuelvo a escuchar ese ruido metálico que indica que los goblins se acercan. Mi pulso se acelera nuevamente y agito con fuerza las riendas de Grak. Se para en dos patas y comienza a correr a toda velocidad. Me cercioro de que Nneka está siguiéndome y al confirmarlo comenzamos a elevarnos. Limpio el sudoroso rostro de Kyle, y aparto los cabellos húmedos de sus ojos.

No puedo creer que hace tan solo unas horas surcábamos los aires en dirección opuesta sin pensar siquiera en lo que pasaría en aquel bosque. Kyle emite un quejido y reviso la herida. Mi suéter ya está totalmente empapado de sangre. Tras algunos minutos de volar, comenzamos a acercarnos a la Academia. Descendemos hasta llegar al establo, bajo a Kyle del lomo de Grak con ayuda de Nneka. Guío a Kendra y a Grak hasta sus respectivos compartimientos, le doy un par de ardillas a cada uno y ayudo a Nneka a cargar a Kyle. Llegamos a las grandes puertas y las empujo con dificultad, al entrar está el director Langrock hablando con el profesor Frederick y con alguien más que no sé quién es.

-¡Santo cielo! – exclama el director Langrock al vernos entrar. –Reynold, Frederick, lleven a este muchacho a la enfermería de inmediato.

-Ustedes, - dice el director viéndonos a Nneka y a mí. - síganme.

Nos dirige a su oficina y cierra la puerta detrás de nosotras, su rostro refleja preocupación.

-Tomen asiento. - nos ordena y sin pronunciar una palabra lo hacemos. Sinceramente no me siento nada bien. - Ahora, ¿qué fue lo que pasó?



Aclaro mi garganta y comienzo a relatar con detalle todo lo que sucedió desde que llegamos al bosque. Cuando termino todos nos quedamos callados, veo de reojo a Nneka, está muy pálida y siento que en cualquier momento se desmayará.

-¿Coincidencia? - susurra el director.

-No lo creo. - respondo firme. – Tal vez sabían que iríamos, que iría yo.

No sé qué fue lo que intenté decir. Soy una forthem, ¿no es así? Eso significa que soy un blanco ahora.



María José García Moncada